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Nueva era más asegurada

Desde que en el 2007 el primo del entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, convenció a su ilustre pariente de que el cambio climático era una paparrucha ha cambiado mucho la opinión de los expertos. Nadie duda ya de que el alza de la temperatura global del planeta como consecuencia del incremento del CO2 y la contaminación es una realidad palpable. 
La Curva de Keeling, obra del científico con el mismo nombre y que muestra la evolución de los niveles de CO2 en la atmósfera desde 1958 en el observatorio de Mauna Loa, en Hawái, es solo una de las muchas evidencias que ha acallado a los negacionistas. Actualmente estamos en más de 400 partes por millón, frente a los 315 de 1958. En la era preindustrial era de 280 partes por millón.

LA ADAPTACIÓN
El cambio climático transforma el seguro 

Rafael Doménech, responsable de análisis económico de BBVA Research, ha analizado las consecuencias del cambio climático en la economía y detecta una derivada que supondrá consecuencias impensables hace solo una decena de años. El calentamiento global revoluciona al sector asegurador e introduce nuevas variables que obligan a replantear buena parte del negocio a las compañías y la posición de los particulares ante los seguros.
«Los economistas estamos viendo que la mayor volatilidad del clima y los efectos extremos tienen un efecto económico negativo importante, pero difícil de medir por el aumento del riesgo», explica Doménech. Según la ONU, las pérdidas anuales causadas por desastres naturales ascendieron en el 2017 a 300.000 millones de dólares. Si sumamos los daños de los últimos 20 años, equivaldrían a dos veces el PIB español «y la tendencia es creciente», explica el analista del BBVA.

LOS DATOS
Una alerta para los próximos años 

«Nadie discute el cambio climático», opina Javier Martín-Vide, climatólogo y catedrático de Geografía Física por la Universitat de Barcelona. El calentamiento es ya de un grado centígrado a nivel mundial y de 1,4 grados en el caso de la cuenca mediterránea, explica, por lo que en su opinión ha llegado el momento de que las autoridades y la opinión pública en general adviertan de la seriedad de la situación, ya que ocultar el riesgo o errar en su valoración agranda de manera drámática las consecuencias. 
«Lo que hicimos mal en el pasado con las emisiones seguirá haciendo efecto en el futuro, el calentamiento global está asegurado durante algunas décadas por una evidente inercia del comportamiento climático del planeta», explica. 

EFECTOS EN LA SALUD
Enfermedades respiratorias 

Además de los efectos directos causados por los desastres naturales, el calentamiento global ya está influyendo en la salud. Xavier Muñoz, responsable de enfermedades respiratorias, medioambientales y ocupacionales del Hospital Vall d’Hebron, advierte de que uno de los efectos directos se está dejando notar en la población más vulnerable a afecciones respiratorias, sea por causas genéticas o enfermedades crónicas, y entre niños y los ancianos. «Los datos estiman que un 4% de las muertes se deben a golpes de calor, por lo que podrían llegar a ser evitables con medidas adecuadas». Se calcula que «el 15% de las muertes en un año podrían haber sido retrasadas con medidas para prevenir la exposición a contaminantes, como las emisiones de motores diésel. En España, anualmente mueren entre 80.000 y 100.000 personas a las que se podría haber retrasado su fallecimiento».
El impacto en el sector asegurador es analizado de forma distinta según el experto consultado. Para Doménech, el calentamiento global y sus efectos en la salud y los bienes más expuestos comportará un incremento de los seguros y también las primas a pagar. «Se han de tomar medidas para mitigar los efectos y esas medidas van a tener un coste. La gestión del riesgo indica que lo más lógico es que aumente la actividad aseguradora y esta copará una parte mayor de la renta disponible. Por mucho que mejore la metodología aseguradora creo que aumentará la prima por unidad asegurada», opina Doménech.

EL CONSORCIO
España, un modelo ejemplar 

En opinión de Francisco Espejo, meteorólogo y subdirector de estudios y relaciones internacionales del Consorcio de Compensación de Seguros, el caso de España es un ejemplo mundial en los sistemas de aseguramiento público ante catástrofes naturales. España dispone de mecanismos de mutualización del riesgo que por ahora mitigan la presión a que suban las primas. 
Cualquier asegurado paga una parte a su aseguradora que se destina al Consorcio para cubrir riesgos extraordinarios. Todo el parque automovilístico, las personas y el 76% de las viviendas están asegurados contra catástrofes naturales gracias a este ente público. Espejo recuerda que el 69% de lo que paga el consorcio es por inundaciones. 
Cuando se produce un desastre y los daños se sitúan por encima de un nivel determinado, el Consorcio entra en acción aportando recursos reasegurando las pérdidas en función de la prima (algunas subvencionadas, como en el sector agrario). 

ENTRE SEQUÍA Y GRANIZO
2017 y 2018, años de pérdidas  

«Tanto en el 2017 como en el 2018 entró en funcionamiento por primera vez en dos años consecutivos el reaseguro del Consorcio de Compensación de Seguros. La causa, entre otras, fueron la sequía del 2017 y los efectos del granizo en el 2018, lo que hizo que el sistema tuviera pérdidas y fuera necesario el mecanismo de reaseguro», explica Espejo. En cualquier caso, Espejo puntualiza que «no necesariamente tienen que subir las primas de los seguros. De hecho, el año pasado bajamos en el Consorcio las primas a las aseguradoras el 13%. Tenemos unos 9.000 millones de euros para hacer frente a las catástrofes naturales».
Otra cuestión son los seguros empresariales, a los que el Consorcio siempre exige algún tipo de franquicia para evitar desestabilizar el sistema. Así, el Consorcio aplica una franquicia del 7% en desastres industriales. Si se inunda una empresa siderúrgica es fácil que los costes de reparación superen los 15 millones de euros. O si se cae un generador eléctrico, los costes llegarán a más de un millón de euros. Entre los modelos de cálculo de prima basados en el riesgo y un sistema mutualizado hay diferencias. Si se contratan más seguros el precio de las primas tiende a bajar, opina Espejo.

LA TENDENCIA
Más seguros y quizá primas más altas 

El hecho de que se gestionen mejor las alertas meteorológicas y que exista una mayor actividad aseguradora beneficia a la estabilidad de las primas y a minimizar los efectos de los desastres naturales. Hace 30 años en España existían unos 20 millones de pólizas de seguro y actualmente hay al menos 120 millones. Como consecuencia, aunque los desastres naturales aumenten localmente, las aseguradoras equilibran o deben equilibrar las compensaciones a sus clientes con su propia diversificación de ingresos y una política acertada de inversión de recursos. Pero el contexto de bajos tipos de interés y la escasa retribución de los títulos de renta fija en los que invierten las aseguradoras complica la gestión de las cuentas de resultados.  
Quizá por ello, las empresas aseguradoras han transitado en los últimos tiempos hacia verdaderas corporaciones de servicios al cliente, al constatar que ofrecer mantenimiento de viviendas, por ejemplo, minimiza el número de partes o la gravedad de los siniestros. Pero el efecto macroeconómico del cambio climático requiere mecanismos de autodefensa por parte de los particulares. «En términos generales, en las sociedades occidentales somos más ricos, nuestros bienes valen más y estamos más expuestos. Los fenómenos climáticos extremos generan un incentivo para querer asegurar nuestros bienes y las primas irán a más», concluye el economista Rafael Doménech. 

Una amenaza necesitada de cobertura

Los médicos constatan que las olas de calor y las noches tropicales cada vez tienen efectos directos más graves en España. Las denominadas islas de calor en las ciudades son uno de los efectos no previstos del calentamiento global. El meteorólogo Javier Martín-Vide asegura que ha pedido a la Agencia Estatal de Meteorología que haya alertas por exceso de calor nocturno. 
Francisco Espejo admite que las aseguradoras podrían proponer que las olas de calor fueran consideradas riesgo extraordinario y que el Consorcio cubriese esa circunstancia. Tener o no aire acondicionado podría rebajar la prima. 

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