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El jurado declara culpable a Pablo Ibar

Los miembros del órgano judicial se volverán a reunir el 25 de febrero para decidir la pena

Cuando el Tribunal Superior de Florida anuló hace dos años su pena de muerte, por considerar que las pruebas que condenaron a Pablo eran “escasas y endebles”, la fiscalía volvió a pedir la inyección letal. La defensa comenzó su lucha por convertir a Ibar en el 29º preso que saldría libre tras pasar por el corredor de la muerte en Florida. Una victoria habría asestado un duro golpe a un controvertido castigo, vigente en 30 Estados del país, que en Florida se impone con particular frecuencia. No ha podido ser.

El acusado ha escuchado el veredicto con su temple habitual. Apenas un movimiento de negación con la cabeza, antes de que le volvieran a esposar las muñecas, cubiertas por la chaqueta de su traje azul, para devolverlo a su miseria.

La decisión de hoy no es firme. Este puede ser solo un nuevo punto y seguido en una interminable batalla judicial. Pero las fuerzas escasean. “Yo no estoy ya para nada”, decía a la salida Cándido Ibar, padre de Pablo y hermano del malogrado campeón de boxeo José Manuel Urtain, pelotari guipuzcoano que vino a hacer las Américas en los frontones y acabó entregando 24 años de su vida a demostrar la inocencia de su hijo.

Cándido, de 74 años, vasco noble y poco dado a mostrar sus sentimientos, estaba abatido. Sabedor de que hoy podía haber veredicto, se había despertado poco antes de las cuatro de la madrugada y no logró volver a conciliar el sueño. Cuando ha escuchado el primer “culpable”, se ha agarrado la frente con la mano. Con los ojos cerrados ha seguido escuchando cómo el juez Bailey leía el veredicto del jurado, que hallaba a su hijo culpable de cada uno de los seis cargos, que incluyen tres homicidios en primer grado. “No se puede entender, esto no me lo esperaba”, decía Cándido a la salida. “Que no alcanzaran un veredicto unánime y el juicio se declarara nulo, sí. Pero esto…”.

Aunque el jurado no argumenta su veredicto, todo indica que el ADN ha sido clave en su decisión. Los primeros análisis genéticos de la camiseta con la que uno de los asesinos cubría su cara en el vídeo de vigilancia que grabó el crimen, y que después se quita para secarse el sudor, no arrojaron coincidencias con el ADN de Ibar. Sí había abundantes rastros de un sujeto desconocido.

En el juicio conjunto en 1997 de Ibar con el otro acusado, Seth Peñalver (él sí, absuelto a la tercera en 2012), el Estado presentó pruebas de ADN procedentes de la misma camiseta, que excluían a Ibar. En el juicio contra Ibar en el año 2000, en el que fue condenado a muerte, el análisis más avanzado de muestras adicionales tomadas de la misma camiseta, testificaron los propios peritos del Estado, de nuevo excluía a Ibar. En aquella ocasión, descartado el ADN, Ibar fue condenado básicamente por el vídeo, en el que el jurado consideró que el que aparecía era el acusado, y por unos testimonios de testigos que, desde entonces, han sido mayormente desacreditados. Esas son las pruebas que el Supremo de Florida consideró “escasas y endebles”, cuando ordenó repetir el juicio.

Pero en un nuevo análisis genético aportado por sorpresa en 2016 por la fiscalía, realizado con una nueva tecnología que la defensa ha tratado en vano de desprestigiar, aunque sigue imperando la huella genética del desconocido, sí se halló un mínimo trazo de ADN de Ibar, solo en uno de los cinco puntos de la prenda analizados. La defensa ha tratado de desmontar el controvertido nuevo análisis y de probar, además, que la deficiente custodia de la prueba pudo haber permitido una contaminación a posteriori.

Ha quedado demostrado que la prueba llegó en un sobre abierto a los expertos, en contacto con otros objetos. Y que la custodia en general de las pruebas, durante todos estos años, fue deficiente (la defensa aportó un vídeo en el que se ve cómo el propio fiscal manipula una prueba). La experta de la fiscalía, a preguntas de la defensa, admitió que la contaminación con ADN es mucho más fácil hoy que en 1994. Aún así lo cierto es que una prueba genética de la camiseta aporta una coincidencia, aunque pequeña y de origen y fiabilidad discutibles, con el ADN de Ibar

Tampoco los expertos en reconocimiento facial de la defensa han logrado convencer al jurado de que el rostro que se ve brevemente en el vídeo no es el de Pablo. Son unos instantes y la imagen es poco definida, propia de una videocámara de la época. La defensa trajo a una eminencia en la materia, desde Reino Unido, que subrayó las supuestas diferencias con Ibar. Pero no ha convencido al jurado.

Este sábado, la emoción desbordaba la sala 6.900 de los juzgados del condado de Broward, al norte de Miami, despojado de la frenética actividad de los días laborables. A las 10.30 sonaron los habituales golpes en la puerta de madera, la que separa el juzgado de la sala donde deliberaba el jurado, con los que el alguacil anuncia que iban a entrar. Había veredicto.

El silencio, entre la treintena de personas presentes en la sala, la inmensa mayoría de ellas de la parte de Ibar, era sepulcral. Apenas lo rompían los sollozos de una familia destrozada. Tanya Quiñones, esposa de Pablo, ni siquiera pudo hablar con los medios que la esperaban a la salida y hacia los que ha mostrado un enorme cariño durante todo el proceso.

Un proceso farragoso

El camino de la apelación, farragoso y caro, dependerá de la condena que se decida, explica Benjamin Waxman, el experimentado abogado que ha defendido a Pablo en este juicio. Si hay condena a muerte, la apelación es directamente al Tribunal Superior de Florida. Si es cadena perpetua, a la corte de apelaciones federal. En cualquier caso, advierte Waxman, estamos ante un proceso que, de nuevo, puede durar años. Seis transcurrieron entre la primera condena y la apelación.

“Ha habido errores, está claro. Yo lo sé, y tengo experiencia en esto”, sostenía Waxman. “Este jurado ha tenido un trabajo muy difícil. Yo creo en el sistema de jurado, pero creo que se equivocaron. El caso era muy complicado. El ADN [clave en el juicio] es algo extremadamente complejo”.

Waxman confía en la fortaleza de los Ibar y los Quiñones. “Pablo es muy fuerte. Somos muchos los que creemos en su inocencia y no vamos a aflojar”, aseguraba. “La fuerza de esta familia, usted lo ha visto, es increíble. Tanya, Michael [hermano de Pablo]… serán capaces de retomar sus vidas y continuar apoyando a Pablo. Son individuos muy fuertes, y como familia aún lo son más”.

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